Piedras sagradas en Morelos, el camino de su magia y devoción
20 / diciembre / 2017

Aquí las piedras se vuelven el espejo de una montaña y la magia es el secreto que susurran.

Parece que las piedras son sólo un cúmulo de barro y polvo. Pero para la gente de Morelos, las piedras son mágicas y pueden ayudar a cambiar el clima. Es su característica de pequeña montaña, pedazo de cielo en la tierra, que hace que sus pobladores las reúnan, apiladas una sobre otra, en sus patios. La razón de esta práctica, a los ojos de un foráneo puede parecer extraña, aunque no lo es.

Al situar las piedras en el patio de sus casas o en las calles, los morelenses están continuando la tradición de sus antepasados: los rituales de lluvia que son ejecutados por los brujos y magos de la región. Estos nigromantes pasan por cada una de las rocas y gritan al viento y a la piedra que, a su vez, es montaña, aire y agua. Esto se debe a que, en esta tradición, las rocas representan las montañas y éstas últimas, el elemento natural que cae del cielo. Algunas de las rocas que son muy apreciadas en Morelos son los cuarzos, famosos por sus cualidades curativas y la energía positiva que, según las creencias, desprenden.

En el caso de algunas de las montañas ofrendadas está el Cerro de la Tortuga. El monte, denominado así por su forma de caparazón era considerado desde siglos atrás como un valle sagrado y, hoy en día, su misticismo persiste.

Al aludir a los poderes de las piedras y montañas, se busca pedirles por el buen tiempo. Para lograr convencerlas, las personas hacen diferentes ofrendas, en las que resaltan ramos de flores y comida. La visión del clima como ser vivo al que le debemos dichas atenciones no es casual: las deidades, desde tiempos ancestrales, son vistas con rasgos humanos. Será por eso que creemos en ellos con tanta fuerza.

La adoración a las piedras, como una efigie de las montañas, no es única. El ofrecer respetos y realizar rituales para los volcanes, cerros de punta inflamable, es otra constante a lo largo de la historia de Morelos. La magia de dichos lugares se refuerza, cuando uno descubre, que aquí también pueden acontecer eventos mágicos, en los que las visiones llegan a los hombres y mujeres. Un ejemplo son los graniceros, quien al posar sus pies en las tierras elevadas de Morelos, una serie de paisajes y visiones invaden su mente.

La oportunidad de poder alcanzar el futuro o sus probabilidades en las cimas altas de Morelos no es casual. Aquí, la magia se respira a una elevada altura, donde las montañas y las deidades están más cerca una de la otra. Un ejemplo son las regiones que rodean al  Popocáteptl y el Iztaccíhuatl, donde la revelación a partir de ensoñaciones es primordial. 

Una de las fechas importantes en torno a la veneración de las rocas, montañas y volcanes, acontece durante el 30 de agosto. Este día es dedicado al Iztaccíhuatl, en la que los pobladores celebran el cumpleaños del volcán y, al mismo tiempo, agradecen por el maíz ya recibido y piden buenas cosechas.

Esta serie de comportamientos, rituales y agradecimientos no sólo son una prueba de la larga tradición que en Morelos existe, sino el respeto profundo hacia la naturaleza y la magia que aún vive en los pobladores, como un susurro del viento o una visión perdida en la cima de la montaña.

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