Morelos nos hace vibrar con su cultura, pero ¿esa experiencia está a la venta? (REFLEXIÓN)
18 / octubre / 2018

Nuestra riqueza cultural es enorme y en muchísimos sentidos. Para protegerla, hay que valorarla (pero no en pesos).

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Con cariño para todos los creadores morelenses.

Para nosotros es claro: si algo abunda en Morelos son manifestaciones culturales. Y lo mejor: no son de un solo corte; al contrario: parece haber una cultura distinta floreciendo de cada uno de sus habitantes. Y es que, por suerte, nuestra tierra siempre se ha abierto a los foráneos, a las migraciones y a la entrada de toda clase de personas que alimentan la riqueza cultural del estado.

Y, por supuesto, esto fascina a extraños y propios. Los morelenses nos sentimos muy afortunados y los viajeros que nos visitan, nunca se quieren ir. Por otro lado, hay una diferencia fundamental entre valorar las manifestaciones culturales locales y apoyarlas para que florezcan y convertirlas en un bien económico, cuyas posibilidades de ser están determinadas por los turistas como clientes.

 

Aunque es muy importante poder capitalizar lo cultural, darle el lugar que merece como actividad económica, nosotros pensamos que la vida y manifestaciones culturales y todos los creadores locales merecen políticas propias que las protejan, políticas que no estén basadas en su comercialización. ¿Por qué? Porque hacer cultura y vivir cultura es una experiencia personal, no comercial y definitivamente no está a la venta.  

La definición de cultura

Por definir cultura se han peleado toda clase de expertos y disciplinas. De nuestro lado, no queremos llegar a una respuesta; al contrario, nos encanta que el concepto se quede tendido entre argumentos dispares. Lo que sí sabemos es que cultura no son solo objetos o prácticas determinadas, sino que cada grupo social (y tal vez cada sujeto) valoran lo simbólico de cosas distintas y son esas cosas las que consideran cultura. La verdad tampoco nos preocupa.

Por otro lado, sí consideramos importante defender el derecho de la cultura de mantener su definición abierta. Así, la cultura no puede ser solo un bien comerciable o un atractivo turístico; pero tampoco una serie de objetos sagrados a los que no pueden tener acceso las personas que no son de aquí. Ningún extremo funcionará para describirlo todo. Los creadores de cultura y contenidos culturales debemos luchar por mantener la definición abierta.  

La cultura en Morelos

 

En Morelos las manifestaciones culturales son infinitas. Y ninguna vale más que otra. De hecho, cada una es valiosa dentro de contextos particulares. Así, las políticas públicas sobre cultura deberían siempre tener esto en cuenta y nunca deberían distribuir los apoyos, becas o infraestructura en función de lo que más se consume, sino en función de los creadores.

Esto es vital. La creación en Morelos es lo que hace a nuestra cultura tan variada. Hay desde artesanos tradicionales, cocineras de comida típica y músicos de banda, hasta toda clase de músicos contemporáneos, escritores emergentes y artistas plásticos que arriesgan todo para tratar temas de cultura de formas innovadoras.

Está claro: no todos gustan a quienes nos visitan, bueno, no todos gustan a la mayoría de la población. Pero esto, si lo pensamos no es un mal indicador. Si no gusta, es porque está diciendo algo distinto a lo que ya hemos dado por hecho, por bueno o correcto; en ese sentido, también está siendo crítico. Y francamente, para como las cosas están en todo el mundo, a todos nos urge ser muy críticos de las circunstancias, para empezar a dialogar con ellas de formas nuevas y por fin cambiarlas.

La cultura es capitalizable, pero la creación no se vende

Es así: la cultura es capitalizable, en Morelos y en el mundo. Urge reconocer que nuestros artesanos, cocineras, músicos, artistas, escritores y demás están moviendo la economía local, la están haciendo fuerte; también hay que aceptarlo: nuestras fiestas patronales, nuestros carnavales, nuestros festivales, llaman muchísimo la atención externa.

Por otro lado, la creación no se vende. Porque todas estas cosas increíbles que hacemos y que nos reditúan, las hacemos porque necesitamos hacerlas, porque no podemos evitar hacer cultura, hacer el mundo un plano simbólico, decir lo que tenemos que decir, buscar salidas a nuestros argumentos críticos, honrar a nuestros abuelos (que nos han heredado tanta cultura), comer lo que nos encanta (como nuestros platillos típicos) y mantener relativamente estable la vida en este precioso estado, a pesar de todo.

La creación es para los locales. Y urge compartirla y capitalizarla, pero en nuestros términos, no en los del “cliente”.  

Al fin y al cabo…

Lo decíamos: el consumo cultural y también la creación de cultura son experiencias subjetivas. Este espacio personal debe ser defendido. Y si la identidad cultural en Morelos nunca encuentra su concreción en una sola definición, no nos importa. Es más: nos encanta. Necesitamos que las miles de millones de formas de hacer y vivir la cultura sigan chocando, generando en estos choques nuevas, increíbles e insospechadas manifestaciones.

En ese sentido, la cultura y sus posibilidades de ser no se pueden regir por su venta o promoción, los creadores necesitan apoyo y ambas cosas se merecen su propio espacio de politización; igual en la vida pública que en la subjetiva. Algo para pensar.

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